¿El miedo y las pesadillas pueden ser heredados? Te sorprenderá la respuesta

Cuando Rafael reflexiona acerca de su miedo irracional hacia las orugas, no logra comprender de qué manera pudo haber surgido, ya que incluso la idea le parece un poco ridícula. Nunca tuvo una mala experiencia relacionada con orugas, ni recuerda haber estado muy cerca de ellas en sus años anteriores. Lo único que sabe, es que se paraliza cuando ve una, su respiración se vuelve más difícil y su pulso se eleva. Pero, ¿me creerías si te digo que esto se podría deber a una experiencia traumática sufrida por alguno de sus padres o abuelos, que le fue heredada de alguna manera?.

Recientes estudios en ratones indican que así podría ser, ya que se ha observado que el miedo puede ser heredado a través de mecanismos epigenéticos, lo que abre paso a nuevas explicaciones biológicas de las fobias. En uno de los experimentos claves de este tema, expusieron a un grupo de ratones machos a un olor de acetofenona (parecido al de las almendras), al mismo tiempo que les daban pequeñas descargas eléctricas. Repitieron varias veces al día el mismo procedimiento por un par de semanas, hasta que los ratones asociaron ese olor específico con peligro, e incluso en momentos en los que se difundía el olor sin que hubiera descargas eléctricas, los ratones se mostraban asustados. Días después de los estímulos, esos ratones se cruzaron con hembras no expuestas, y cuando los hijos crecieron, se observó que la mayoría de ellos eran sensibles al olor de la acetofenona y le temían. Más tarde, éstos se volvieron a reproducir, y los nietos de la generación inicial también se mostraron temerosos en presencia del olor. Con ello, se concluyó que la transmisión de información inducida por el ambiente, como en este caso, era producida por factores epigenéticos.

La epigenética se refiere a todas aquellas modificaciones químicas que inciden sobre el material hereditario, pero sin modificar la secuencia de nucleótidos, y que pueden influir en el encendido o apagado de los genes, por ejemplo. Estas marcas surgen debido a la influencia del ambiente y usualmente aparecen como resultado al estrés ambiental o a un fuerte trauma emocional. La herencia epigenética se refiere a la transmisión de dichas modificaciones químicas a la descendencia, con lo que se puede notar que no toda la herencia biológica es genética, sino que existen más mecanismos de transmisión de información de padres a hijos. Así, quizá se podría encontrar una explicación al curioso caso de Rafael.

Gracias a la epigenética se pueden entender muchas variaciones inter-individuales y cuestiones asociadas a un ambiente estresante, como por ejemplo, la herencia transgeneracional de miedos, ya que las mismas marcas epigenéticas han sido observadas tanto en la generación que sufrió el estímulo ambiental inicial, como en sus descendientes, que no estuvieron expuestos directamente a dicho estímulo.

Así, podemos darnos cuenta de que la influencia del ambiente y las experiencias que vamos teniendo a lo largo de nuestra vida, van dejando marcas en nuestro material hereditario, las cuales más tarde, pueden ser transmitidas a nuestros descendientes. Entonces, lo que nosotros vivamos actualmente, ¿podría llegar a afectar a nuestros nietos?.

La respuesta es sí, e incluso va más allá de eso: algunas pesadillas podrían tener origen en las experiencias traumáticas que le hayan ocurrido a los antecesores de cierta persona. Esto es lo que se ha concluido en varias investigaciones sobre el  Holocausto, las cuales han documentado que muchos hijos de sobrevivientes han experimentado pesadillas en las que son atrapados, perseguidos o incluso torturados por soldados, como si estuviesen reviviendo lo que le sucedió a sus padres durante la Segunda Guerra Mundial. De alguna manera, esos niños heredaron el trauma vivido por sus padres. Pero no sólo se ha observado en los descendientes de sobrevivientes al Holocausto, sino que también en descendientes de veteranos de guerra, de refugiados, de víctimas de secuestros y de muchas más situaciones traumáticas. Además, se ha visto que el trauma también ha sido transmitido en alguna medida a los nietos e incluso a los bisnietos de las víctimas, y aún no se sabe qué tanto pueda seguir.  A este proceso se le llama “transmisión transgeneracional del trauma“.

Sin embargo, aún no se conoce la manera exacta por la cual ese trauma es transmitido a la descendencia. Lo que sí se sabe, es que las diferencias observadas en el material hereditario han sido metilaciones mayoritariamente, que en este caso, afectan sobre todo el patrón de expresión de los genes del sistema nervioso.

A pesar de lo descrito anteriormente, las marcas epigenéticas no sólo existen para provocar daños en los descendientes, sino que se piensa que a través de la historia, han tenido un valor evolutivo, ya que algunas marcas epigenéticas podrían haber ayudado a la supervivencia de la especie. Por ejemplo, un marcaje relacionado con el miedo a alguna serpiente venenosa pudo haber ayudado a que se mantuvieran alejados de ella y así evitar ser mordidos y morir. Esto también podría explicar hasta cierta medida la existencia de fobias muy comunes hacia determinados animales (como la aracnofobia, por ejemplo). Pero por otro lado, todavía no se conoce el límite exacto de la transgeneracionalidad epigenética, es decir, hasta qué generación pueden llegar las marcas de un antecesor, ya que en el caso de marcas epigenéticas relacionadas directamente con la supervivencia, podrían persistir y transferirse por un tiempo prolongado; pero otras marcas que no son tan necesarias, debido a que el estímulo original ya no existe, tenderían a desaparecer en un periodo más corto de tiempo. Lo que se cree hasta ahora, es que de alguna manera se detecta que esa marca ha dejado de ser útil para el individuo, y entonces se pierde.

Todavía hay mucho por descubrir en el campo de la epigenética y diversas cuestiones que permanecen en debate. La buena noticia es que en los últimos años han incrementado exponencialmente las investigaciones y artículos publicados de ésta área, con lo que se espera tener un mejor entendimiento de las transmisiones epigenéticas del trauma, mejorar el diagnóstico de los hijos de las personas expuestas a esas situaciones, así como encontrar una manera de prevenir determinado marcaje y/o tratamientos para eliminarlo. Todo esto tendría grandes consecuencias en el área biológica, psicológica y en muchos campos más. Incluso podría llegar a tener consecuencias legales, ya que al encontrar una forma verificable de la transmisión de traumas, quizá ciertas generaciones buscarían reclamar por el daño epigenético infringido sobre ellos, ¿te imaginas?.

Por otro lado, el descubrir el papel biológico de la epigenética traería grandes avances al entendimiento del ‘código humano’, de la evolución y quizás, de la vida en general. Por lo cual, la epigenética es un campo sumamente interesante, que nos hace ver que los seres humanos no somos seres predestinados y forjados por el material genético, sino que somos altamente maleables por el ambiente, así como por las experiencias que vivimos a lo largo de nuestras vidas. Pero aún así, quizá no podamos evitar reflexionar acerca de cuánto de lo que somos, pensamos y decidimos día a día está determinado por lo que nos ha sido heredado biológicamente, y cuánto ha surgido por aprendizaje o por experimentación propia…

Add Comment

%d bloggers like this: